jueves, 2 de agosto de 2018

Nacimiento y expansión del islam

Imagen: Mahoma predicando El Corán en La Meca.
Fuente: Wikipedia
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Las primeras compilaciones históricas del islam se escribieron 200 años después de la muerte de Mahoma. Incluso el Corán se pasó a limpio, como pronto, 20 años después de su muerte y hay quien sostiene que pudieron ser muchos más años.

Por tanto, respecto a lo que sabemos del nacimiento de la civilización musulmana, como sucede con Roma, o con el cristianismo, nunca hay que olvidar que la historia la escriben los vencedores; algunas veces, bastante después de los hechos descritos y como siempre en Historia, adornando unas partes y afeando otras.

Lugar de origen: la península arábiga

La península arábiga es un vasto territorio que ocupa más de cinco veces la extensión de la península ibérica. A finales del siglo VI, se podían distinguir allí tres grandes áreas con diferencias relativamente pronunciadas.

La zona del norte estaba abierta a la influencia siria y mesopotámica. Por su situación geográfica, venía de conocer diversas tradiciones filosóficas y religiosas (helenísticas, sasánidas, judías y cristianas).

La zona central era el dominio de los nómadas, tanto de los pastores beduinos como de los mercaderes, con ferias comerciales en Medina y La Meca. En esta última ciudad, se hallaba el santuario de la Kaaba, que albergaba la piedra negra, ya entonces centro de peregrinación para los politeístas preislámicos.

Al sur estaba la «Arabia feliz», que se beneficiaba de un comercio marítimo que conectaba Egipto con la India y había propiciado el desarrollo de algunas ciudades.

Las tres zonas habían incrementado su actividad mercantil y pastoril con la difusión del camello como bestia de transporte y de guerra. Sus habitantes estaban organizados en tribus lideradas por jeques. Sus creencias religiosas eran animistas, que atribuían carácter sagrado a ciertas piedras, árboles o manantiales y una vaga idea de dioses superiores, más universales.

La desagregación social y religiosa de la península Arábiga no era tan acusada en La Meca, cuyos habitantes poseían creencias más complejas y más tendentes a la unidad que las tribus dedicadas al pastoreo. Por un lado, la veneración de la «piedra negra» establecía una jerarquía; por otro, su contacto con influencias sasánidas, judías y cristianas le acercaban al monoteísmo en contraste con las tribus politeístas.

Mahoma y su doctrina

Mahoma nació en La Meca en torno al año 570. A los 40 años sintió la llamada de la divinidad, para hostigar la impiedad y la corrupción de la aristocracia mercantil de La Meca y comenzó a predicar por mandato del mismísimo Arcángel Gabriel.

Entre los años 610 y 619, Mahoma fue transformándose de predicador a profeta. A la vez, su mensaje fue enriqueciéndose desde el punto de vista teológico. Hacia el año 619, Mahoma constituyó una primera comunidad ante la que se presentó como el Profeta, encargado de difundir la nueva doctrina que reconocía a Alá como dios único. Mahoma se reconocía como el último de los enviados divinos, entre los que se hallaban antes, Abraham, Moisés y Jesús.

En La Meca apenas consiguió adhesiones y se encontró con la aversión de los mercaderes, que lo consideraron una amenaza. En 622, temeroso de la reacción de sus paisanos, optó por alejarse quinientos kilómetros hacia el norte, y huir a Medina, donde había comunidades judías, más receptivas a sus ideas monoteístas. La fecha de la hégira (16 de julio de 622) se convirtió en el punto de arranque del calendario islámico.

En Medina, Mahoma tuvo éxito y en poco tiempo logró convertirse en jefe político, religioso y militar. Al final, desde Medina, tras varias reyertas con La Meca, la cosa se puso seria y ocho años después de haberse ido de su pueblo natal, volvió y demostró quien mandaría allí, de entonces en adelante.

En el año 632, cuando Mahoma murió de forma inesperada, prácticamente toda la península arábiga estaba unida bajo su autoridad, en un Estado que se estaba creando y que tenía a Medina como capital política y La Meca como centro religioso de la nueva fe.

Con Mahoma quedaron establecidas las fuentes doctrinales del islam: el «Corán» y la «Sunna». El Corán recoge el mensaje que Dios transmite y la Sunna —o tradición— es el conjunto de hechos y dichos de Mahoma y sus sucesores inmediatos, que servirían de orientación a los creyentes.

El islam es la última de las grandes religiones mundiales. Su éxito residió en que no especulaba acerca de la naturaleza de Dios, como sucedió con el cristianismo temprano. Un único Alá, monoteísta, era más fácil de presentar que una incomprensible Trinidad, que había causado tantos cismas.

La cuestión sucesoria

Da la impresión de que Mahoma murió antes y más deprisa de lo que él había calculado, así que el primer conflicto que se creó fue de poder, porque el Profeta no dejó las cosas atadas en cuanto a liderazgo.

No podemos dejar a un lado que el nuevo Estado que se estaba creando se componía de tribus, principalmente nómadas, gobernadas por jeques mal avenidos. Por tanto, con todo el respeto por el líder muerto, con independencia de su testamento político, si es que lo hubo, a profeta muerto, califa puesto, en una guerra de intereses entre clanes.

La cosa de la sucesión se acabo debatiendo entre uno de sus muchos suegros y su yerno Alí, marido de Fátima, hija del Profeta. Hubo quien dijo que Mahoma prefería a Alí, pero a estas alturas, Mahoma ya estaba muerto y a nadie parecía importarle lo que hubiera preferido, así que el suegro ganó en influencia  al yerno y Alí tuvo que esperar turno para ser califa, que llegó veinticinco años más tarde, en una lucha constante de conflictos internos entre las familias influyentes, en la que cayó apuñalado su predecesor.

Tras años de reyertas, pocos años después, Alí también fue asesinado por algunos de sus propios seguidores y con él acabó la saga conocida como califas ortodoxos, compañeros de Mahoma y supuestos conocedores del camino elegido por él. Con ello, treinta años después de la muerte del profeta, se instauró el califato Omeya, que trasladó la capital política del islam a Damasco.

La muerte de Alí fue relevante para el futuro del mundo islámico, porque lo dividió en dos escuelas de interpretación de los libros: “Corán” y “Sunna”. Se trataba de chiíes y sunníes, cuyas diferencias de interpretación aún existen.

Los chiíes derivan del reconocimiento de la autoridad de los descendientes del Profeta, en concreto del malogrado Alí. A la importancia del Corán añaden, como fuente de ley, la interpretación de los expertos en religión, «los imanes». Actualmente son el 15 % de la comunidad musulmana y mayoritarios en Irán, Azerbaiyán, Irak, Bahréin y el sur del Líbano.

El termino sunní deriva de Sunna. Ellos, los sunníes, consideran relevantes y aplicables los testimonios orales de Mahoma, recogidos más tarde por escrito en la Sunna.

Comienzo de la expansión: los califas ortodoxos

Veinte años después de la muerte de Mahoma, sus seguidores habían acabado con el Imperio persa, habían reducido a una tercera parte al Imperio bizantino y habían tomado Jerusalén, que convirtieron en ciudad santa del islam, como ya habían hecho antes judíos y cristianos.

Este primer éxito fulminante se puede atribuir a la cohesión supratribal para conquistar las riquezas de sus vecinos, unida al agotamiento del Imperio persa y al clima de presión fiscal y persecuciones religiosas en el que estaba inmerso el Imperio bizantino, especialmente en Siria y Egipto.

Un factor favorecedor de la expansión fue el buen trato que los nuevos conquistadores dieron a los pueblos invadidos, especialmente a los «hombres del libro» (la Biblia) esto es, judíos y cristianos. Las condiciones de ese trato quedaban fijadas en los pactos de capitulación, según los cuales, los conquistados reconocían la soberanía de los conquistadores, que respetaban la antigua administración, buscaban la colaboración de los notables y reconocían los derechos de los antiguos propietarios.

El control del territorio se confiaba a una guarnición de guerreros árabes. Los nuevos recursos fiscales incluían las tierras y riquezas públicas de los imperios persa y bizantino y la imposición de un tributo personal a la población sometida, que vino a añadirse al territorial que ya pagaban a sus antiguas autoridades —con discriminación fiscal de los musulmanes, que sólo estaban obligados a la limosna voluntaria prevista en el Corán, el 10% de sus rentas—. Lógicamente, la discriminación fiscal estimuló las conversiones a la nueva fe.

Por esta época, el Corán se estaba pasando a escrito, hasta ahora sólo había sido tradición oral. Las diferentes posiciones frente al poder califal, e incluso el contenido del Corán, dio lugar al asesinato de tres califas.

Ascensión y caída de los Omeyas

Los Omeyas eran uno de los clanes más poderosos de La Meca. Como hemos visto, llegaron al poder de forma sangrienta y lo retuvieron durante casi cien años.

Desde el principio, aún a riesgo de descuidar su jefatura religiosa, se propusieron reforzar su papel de dirigentes políticos del Estado, para lo cual escogieron el modelo bizantino: Centralizaron la administración, trasladaron la capital política de Medina a Damasco y fortalecieron el carácter autocrático de su poder.

Por aquel entonces los árabes eran sólo una pequeña minoría entre los millones de creyentes, pero la lengua común de la civilización islámica era el árabe, idioma en el que estaba escrito el Corán, aunque utilizaban también otras lenguas, en especial el persa y el turco. En cualquier caso, la minoría árabe era la casta dominante.

Los Omeyas consolidaron el nuevo Imperio mediante la adopción del idioma árabe en lengua común de la administración del califato; crearon un sistema monetario bimetálico con acuñación de monedas propias —dinar de oro y dírham de plata—; organizaron las provincias al mando de emires —siempre árabes— y jueces o cadíes; y prestaron atención a los guerreros árabes conquistadores, repartiéndoles botín, tierras y rentas.

A la caída de la dinastía Omeya, a mediados del siglo VIII, el islam había alcanzado unas dimensiones más amplías que las del Imperio romano en la cumbre de su poder, abarcando un territorio que se extendía desde la ribera del Indo hasta las costas atlánticas de la península ibérica.

Dinastía Abasí

Todo estuvo mas o menos tranquilo mientras hubo expansión y botín suficiente, pero cuando, alrededor de 740 esta situación cesó, empezaron las críticas: hubo movimientos antiárabes, antiomeyas, antiestatales, antiaristocráticos, que se expresaron siempre en términos religiosos.

El conjunto de críticas se desarrollaba en unas sociedades en las que el engrandecimiento de las ciudades había provocado la creación de una plebe de artesanos, pequeños comerciantes y campesinos muy dispuestos al motín. Al frente del cual, se situaron los abasíes.

El clan Abasí descendía de un tío de Mahoma, uno de cuyos biznietos acabó derrocando a los omeyas y tomando el poder para una dinastía que perduró quinientos años, hasta que finalmente cayó, cuando los mongoles tomaron Bagdad.

El primer califa Abasí fundó Bagdad, a donde trasladó la capital política del Estado, pero el centro religioso permaneció en La Meca, lugar de peregrinación obligada, lo cual tuvo importantes repercusiones en el desarrollo económico de la península arábiga.

Frente a una monarquía árabe Omeya, más centrada en lo político, los abasíes proponían un imperio islámico, con la recuperación del valor de jefatura religiosa del califa.

Con tan vasto Imperio, se rompió el principio de unidad de poderes impuesto por Mahoma y se sustituyó por un reparto de estos. El religioso se reservó a los califas, el político se atribuyó al gran visir, el judicial al gran cadí de Bagdad y el militar al emir, jefe del ejército.

Pero, hacia el siglo X, las enormes dimensiones del Imperio islámico, la falta de una estructura administrativa y militar adecuada para mantener su unidad, el vigor de los grupos tribales conquistadores y la fortaleza de las respectivas tradiciones regionales, propiciaron la fragmentación en tres califatos: el Abasí de Bagdad, el Omeya de Córdoba, y el Fatimí de El Cairo. Los dos primeros suníes y el tercero chií.

Lo que pasó en Hispania

En 711, Tariq, jefe bereber de un ejército de bereberes, invadió la Hispania visigoda para los califas omeyas de Damasco. Derrotó y mató al rey Rodrigo. En sólo siete años, bereberes y árabes ya habían tomado casi toda la península y luego, durante otros quince años, hicieron incursiones en Francia.

Con el ejército visigodo derrotado, los musulmanes firmaron tratados separados con varios señores locales y en vez de asentar su base en Toledo, la vieja capital visigoda, se acomodaron en Córdoba, en el rico sur.

Cuarenta años después de la invasión musulmana de la península ibérica, cuando sucedió el derrocamiento de los Omeyas, el único Omeya importante que se salvó fue Abderramán, que se refugió lo más lejos que pudo, concretamente en Córdoba, donde en menos de un año se erigió como emir, en completa independencia de sus enemigos abasíes de Bagdad, como lo hicieron sus descendientes, que al final se declararon califas.

Finalmente, el califato cordobés se desintegró en el siglo XI, dando paso a reinos de taifas.

Comercio

Los árabes originarios eran principalmente nómadas, aunque algunos practicaban la agricultura de oasis y existían unos pocos centros urbanos, como La Meca y Medina.

Con el tiempo, el islam se convirtió en una civilización predominantemente urbana con una economía tributaria, aunque muchos musulmanes árabes y otros, continuaron siendo nómadas y cuidando de sus rebaños de ovejas, cabras, camellos o caballos; raramente ganado vacuno y jamás cerdos, prohibidos por Mahoma.

El potencial agrícola de su territorio era limitado, pero su localización geográfica les confería grandes posibilidades comerciales. En él se encontraban todas las grandes rutas de caravanas entre el Mediterráneo y China. Mahoma había sido mercader, así que el islam, lejos de considerar las actividades mercantiles como ocupaciones inferiores, manifestaba respeto por ellas.

Los tributos recaudados por el Estado y la necesidad de transportarlos lejos para atender a las necesidades de la nobleza y los ejércitos musulmanes crearon flujos de mercancías que dieron lugar a amplios intercambios comerciales en el mundo musulmán.

Los musulmanes tenían prohibida la usura, pero sus mercaderes idearon numerosos y complicados instrumentos crediticios, como las cartas de crédito y las letras de cambio, para facilitar el comercio.

Los comerciantes cristianos —especialmente venecianos— aprendieron mucho de sus técnicas comerciales, bajo prohibición expresa del Papa que no fue tenida muy en cuenta.

Los árabes viajaban y comerciaban por tierra y mar. Algunos llegaron hasta China, en cuyos puertos existían colonias de mercaderes musulmanes. Cuando era posible, aprovechaban también los ríos para el transporte fluvial.

En cuanto a las rutas comerciales marítimas, los navegantes musulmanes se hicieron dueños del Mediterráneo y surcaron el Océano Índico.

En el transporte por tierra, para las distancias cortas utilizaban caballos, mulas y asnos. Para las distancias largas, el animal preferido era el camello. Se hicieron habituales enormes caravanas de cientos o incluso miles de camellos.

La nobleza feudal de los reinos cristianos recurría a los mercaderes para adquirir artículos de lujo, accesibles por la existencia de un comercio interregional a largas distancias realizado por comerciantes extranjeros no cristianos (judíos, bohemios, eslavos, griegos y árabes).

El mundo musulmán era un gran receptor de esclavos. La Europa occidental exportaba al mundo islámico esclavos, procedentes de la Europa oriental, y espadas. En contrapartida, importaba especias, textiles, seda y plata.

Agricultura y ganadería

Buena parte de las técnicas de regadío procedía de tradiciones iraníes e iraquíes preislámicas, que fueron mejoradas por los musulmanes. El resultado fue un notable incremento de la productividad agrícola, la difusión de nuevos productos y la configuración de un paisaje de huerta.

En agricultura, las novedades más notables fueron la expansión del olivo, generalización del arroz, el algodón, el azafrán, los cítricos, la alcachofa, la espinaca y, en general, las frutas y los productos de huerta. Sólo la vid, por la prohibición religiosa, experimentó un retroceso.

En muchas regiones, el otro pilar de la economía era el pastoreo, aunque el clima de las áreas de expansión islámica no propiciaba el desarrollo de bosques y pastos, lo que excluía la cría del ganado vacuno, mientras que la religión proscribía el consumo de cerdo. En consecuencia, los rebaños quedaron constituidos por ovejas, cabras, camellos y dromedarios.

Industria textil

El textil fue la principal actividad manufacturera del mundo musulmán. Se utilizó para vestimentas, alfombras, cortinajes y velas de navíos.

La principal materia prima era la lana, procedente de los rebaños ovinos, también el lino en las zonas húmedas de los grandes ríos, el algodón y la seda. El mundo musulmán era autosuficiente en lana, pero necesitaba importar algodón, procedente de la India.

La actividad textil también involucraba los tintes y los mordientes, que fijan el tinte en las telas; es el caso del alumbre. En muchas zonas del islam, el tinte de los tejidos lo realizaban artesanos judíos.

Otra actividad involucrada era el trabajo del cuero en el que se alcanzaron altos grados de calidad.

El origen de las prendas estaba asociado a lugares: muselina (por Mosul), damasco, o fustán (por Al Fustat, denominación antigua de El Cairo).

El mundo musulmán fue proveedor de diferentes tipos de estos tejidos para el Imperio bizantino y para las cortes de los reyes cristianos.

Ciencia y tecnología

Durante cientos de años, los árabes fueron los principales intermediarios en el comercio entre Europa y Asia. En este proceso, facilitaron enormemente la difusión de la tecnología. Muchos elementos de la tecnología China, entre ellos la brújula o la fabricación del papel, llegaron a Europa a través de los árabes.

También realizaron importantes innovaciones industriales en la fabricación del papel, el vidrio o la seda. La expansión de la industria papelera favoreció la producción de libros, la extensión de escuelas y bibliotecas y la alfabetización.

En tecnología, alcanzaron un gran nivel en relación con el aprovechamiento de la energía hidráulica, el diseño de instrumentos astronómicos y de útiles para la medicina.

Conocimiento

El desarrollo económico del mundo islámico fue acompañado del florecimiento cultural, donde logró combinar el conocimiento que adquiría de Oriente con el legado cultural grecorromano.

Debido a sus conquistas en el Imperio romano de Oriente, los árabes acapararon gran parte del saber de la Grecia clásica. Durante la Edad Media europea, junto con los chinos, se situaron a la vanguardia mundial en pensamiento científico y filosófico. Muchos autores griegos han llegado hasta nosotros gracias a sus traductores árabes.

La Bagdad del siglo IX se convirtió en un auténtico foco cultural. La teología, la filosofía, el derecho, la poesía, el gobierno, la historia, la medicina, la ciencia y la geografía contaban con sus propios expertos, en este mundo cultural hiperactivo.

Durante el renacimiento intelectual europeo de los siglos XI y XII, muchos eruditos cristianos fueron a Córdoba y otras ciudades musulmanas, a estudiar ciencia y filosofía clásica.

Los avances en matemáticas fueron también decisivos en el desarrollo científico posterior. El álgebra es un invento árabe y árabe es la notación numérica actual que se usa universalmente.

Fuentes de la bibliografía: [1], [2], [3], [17], [18].

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